LAS DISTRACCIONES, LAS GRANDES ENEMIGAS DE LA PRODUCTIVIDAD

LAS DISTRACCIONES, LAS GRANDES ENEMIGAS DE LA PRODUCTIVIDAD

Uno de los principales objetivos para cualquier empresa es lograr que sus empleados sean lo más productivos posible. Alcanzar un 100% de rendimiento en el trabajo es una tarea muy complicada, más en el mundo actual en el que vivimos cargado de distracciones: internet, redes sociales, teléfonos móviles, etc. Tampoco podemos olvidarnos del factor humano, y es que la desconcentración va implícita en nuestra naturaleza. Anularla por completo es algo imposible de conseguir, pero lo que sí podemos hacer es tratar de reducirla a la mínima potencia… Una distracción hace más daño cuanto más se alarga en el tiempo.

Uno de los elementos que provoca mayores desatenciones en el trabajo son los ruidos, por eso para una compañía es fundamental contar con un centro de trabajo bien aislado acústicamente. Si la oficina no está bien planteada y en vez de reducir los sonidos los amplifica, los empleados se distraerán continuamente con conversaciones de otros compañeros o superiores, además de con sonidos tan molestos como la tos, llamadas telefónicas, tonos de móviles, silbidos, tecleos en los ordenadores, etc.

Una buena organización del puesto de trabajo es también muy importante. El orden siempre será nuestro gran aliado y todo aquello que se necesite para trabajar deberá estar al alcance de la mano y a la vista de todo trabajador que lo necesite. Se evitarán así paseos o búsquedas innecesarias que hacen perder mucho tiempo.

Otra de las cosas con la que debemos tener cuidado es con sobrecargar a los empleados, una situación que normalmente suele producirse cuando se introduce cualquier tipo de cambio en la forma de trabajar de la empresa. Un trabajador relajado será mucho más productivo que otro que esté demasiado preocupado o agobiado por los cambios, por ello éstos deben ser siempre incluidos poco a poco.

El exceso de reuniones también puede hacer mella en la productividad, todas las que planifiquemos deben tener un objetivo claro, bien definido y no durar en exceso. Las pausas para rendir son necesarias, pero hay que realizar siempre las justas y que éstas no se alarguen demasiado en el tiempo. Conseguir un buen ambiente de trabajo es algo fundamental en una empresa, tener en nuestro equipo a empleados felices y valorados se traduce en productividad máxima.

Por último, existen una serie de hábitos poco productivos que son muy difíciles de controlar. Se trata de estímulos exteriores que nos provoca la necesidad de estar todo el día conectado: redes sociales, correo electrónico, teléfono móvil… No es recomendable estar toda la jornada laboral aislado de las nuevas tecnologías, que también tienen su valor añadido, pero sí que debemos dejarlas a un lado e inculcar a nuestros empleados a que lo hagan cuando las tareas importantes así lo requieran.

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